Mi Teatro de Ensueños

Al Teatro Juares nos llevaron desde siempre, formaba parte de la agenda en el día del niño o de cualquier mañana dominguera.  Ubicado en pleno centro de Barquisimeto, abría sus puertas para mostrarnos su bella arquitectura neoclásica, que transportaba a otros tiempos y otros estados de ánimo.  Sentados en patio o galería, no se hacían esperar los aplausos anticipados, a manera de estímulo para que diera inicio el espectáculo.  Al abrir el telón, el escenario se llenaba de magia, cuentos, títeres, payasos y a la más mínima invitación nos apresurábamos a subir por aquella pequeña escalera, entonces en la parte central de la fosa, para recitar alguna poesía o cantar alguna canción.  Así fueron mis primeros encuentros con mi Teatro de Ensueños, llenos de alegría, entusiasmo e inspiración.  Luego llegó la música y nos convertimos de espectadores a protagonistas.  Todavía niñas y en la temprana adolescencia, los pasillos del Teatro eran espacios de aventura y descubrimiento donde explorar entre los telones y tramoya, subir hasta el último piso por escaleras que a cada peldaño lucían más deterioradas; buscando, escudriñando y creando mitos. Los intermedios en la terraza este, la preparación en los camerinos, todo un ambiente de artistas.  Uno de mis recuerdos atesorados, la representación de Pagliacci, opera de Ruggero Leoncavallo; cuan sublime y encantadora la serenata de Arlecchino a su amada Colombina, inclinado desde el borde del balcón izquierdo de nuestro Teatro Juares, que ni en su estreno en el Royal Opera House pudo ser más hermosa ¡Que días y que recuerdos!

Lo grande del Teatro Juares es su historia.  Ahora yo también llevo de la mano a mi hijo, a encontrarse con mi Teatro, renovado y de fiesta.  El espectáculo continúa.

Hoy pienso

Hoy pienso que huir del mundo para refugiarse en la ilusión de seguridad que brindan las rejas y los muros es condenarse a una caja, guardarse para un mundo mejor, un suicidio vendido como sensatez, un desperdicio.

Participar de los placeres del mundo exterior requiere una dosis extra de valor y manejo de lo incierto, una aceptación anticipada de los males, conjurados por el don de la alegría, la esperanza y la fe.  Amén.